A principios de diciembre la Asociación Española de Pediatría (AEP) actualizó sus recomendaciones sobre el uso de pantallas en la infancia y adolescencia en base a la nueva evidencia científica.
Es fundamental que las familias tomemos cartas en el asunto, teniendo en cuenta que no estamos solas en esta tarea y que podemos apoyarnos en profesionales del sistema educativo y sanitario. Como explica María Salmerón, coordinadora del grupo de trabajo de Salud Digital de la AEP, “la función de la familia en la protección del impacto de las pantallas en sus hijos es importante. Sin embargo, sería una irresponsabilidad como medida de protección a la infancia que toda la responsabilidad recaiga sobre ellas. Hay dos razones fundamentales: el tiempo que los niños pasan en otros ámbitos como el sistema educativo y que hay familias que, por diversas circunstancias previas o sobrevenidas, carecen de la capacidad de llevar a cabo esta función”. Por ello, la AEP urge medidas para luchar contra el uso excesivo de pantallas a las administraciones, tanto a los gobiernos como al sistema educativo. Sería pertinente declararlo un problema de salud pública. De lo contrario, “los menores de colectivos vulnerables serán los que tengan mayor afectación en la salud y el desarrollo”, concluye la especialista en pediatría.
Recomendaciones para la infancia (ver el archivo adjunto para el resto de edades):
0 a 6 años:
● Cero pantallas, no existe un tiempo seguro.
● Como excepción y bajo supervisión del adulto se puede usar para el contacto social con un
objetivo concreto. Por ejemplo, que la persona que está al otro lado de la pantalla le cuente
un cuento o le cante una canción.
7 a 12 años
● Menos de una hora (incluyendo el tiempo escolar y los deberes).
● Limitar el uso de los dispositivos con acceso a Internet.
● Priorizar los factores protectores: actividades deportivas, relaciones con iguales cara a cara,
contacto con la naturaleza, sueño, alimentación saludable, etc.
● Si se decide que utilicen un dispositivo es recomendable: que sea bajo la supervisión de un
adulto, con dispositivos fijos y evitar el baño y dormitorio.
● Pactar límites claros previamente tanto en tiempo como en contenidos adaptados a la edad.
